Restricción calórica y longevidad

El debate sobre la restricción calórica y la longevidad es un tema tan fascinante como polémico. Desde hace tiempo sabemos que podemos alargar la vida de animales pequeños limitándoles la comida. Sin embargo, los pocos estudios que hay con seres humanos han dado unos resultados decepcionantes.

La buena noticia es que existe una alternativa que nos permite mejorar la salud y retrasar algunos años la llegada de nuestro día final.

restricción calórica y longevidad

Restricción calórica y longevidad, en el laboratorio

Comer menos alarga la vida de muchos animales. Hace décadas que lo sabemos. Si ponemos a régimen a gusanos C. elegans o a moscas del vinagre, prolongamos su existencia de manera espectacular. Si hacemos lo mismo con mamíferos pequeños, como ratones, aumentamos su longevidad en un 40%.

Y todo eso lo conseguimos reduciendo la actividad de unas moléculas con unos nombres muy raros (IGF-1, Tor-S6K, Ras-PKA…). Al hacerlo, no solo disminuimos las posibilidades de sufrir enfermedades, si no que también incentivamos varios procesos relacionados con el rejuvenecimiento:

  • Reducimos la inflamación de los tejidos.
  • Disminuimos la resistencia a la insulina.
  • Mejoramos el proceso de autofagia.
  • Aumentamos la regeneración mediante células progenitoras…

La buena noticia es que todas esas moléculas y procesos curativos también existen en los seres humanos. La mala, es que nosotros no somos como las lombrices o los ratones. Que esas pequeñas criaturas tienen un metabolismo distinto al de los animales más grandes.

ratón y lombriz en las manos

De hecho, los experimentos realizados con monos no han sido tan favorables. Los primates que siguieron un régimen muy estricto padecieron menos enfermedades pero no hubo diferencias de mortalidad entre esos ejemplares y los del grupo de control. En este excelente post explican la polémica que hubo con esos ensayos y, además, aportan muchos detalles sobre este tema.

Frikis de la vida ascética

«¿Y no hay ensayos con humanos?», te preguntarás. Pues existen varios experimentos pero ninguno de ellos superó los dos años. Y, encima, la mayoría de sus participantes no lograron aguantar una dieta tan dura. Es lo que tienen las democracias, que no puedes encerrar a unas cuantas personas en unas jaulas durante dos décadas para darles de comer lo que te de la gana.

Por suerte para la ciencia, el universo está lleno de frikis. Y en este mundillo concreto tenemos a unos tipos que pertenecen a una cosa llamada Sociedad de la Restricción Calórica y otros que son seguidores de algo denominado Camino de la Restricción Calórica. Que a mí me recuerdan a los del Frente Popular de Judea y el Frente Judaico Popular de la película «La vida de Brian».

final de la película
mira siempre el lado brillante de la vida ♪ ♫

Pues resulta que estos sujetos son las cobayas perfectas para nosotros debido a que siguen una dieta hipocalórica muy estricta. Además, aunque todos ellos están muy delgados, en muchos aspectos se encuentran realmente sanos. Sobre todo, desde el punto de vista cardiovascular.

Sin embargo, cuando una investigadora analizó una parte de los cromosomas de sus células llamadas telómeros (que están relacionadas con la longevidad), observó que esas piezas no destacaban por su buen estado. De hecho, esos telómeros estaban igual de desgastados que los de los sujetos con sobrepeso del grupo de control.

Además, los cromosomas de sus células inmunitarias estaban aún más viejos de lo normal. Un hecho bastante preocupante pero que encaja a la perfección con lo que ya sabemos de las personas sometidas a dietas muy extremas. Éstas acaban sufriendo bastantes problemas físicos: Fragilidad del sistema inmunológico, dificultades de cicatrización, déficit de masa muscular y de masa ósea…

¿Y por qué ocurre esto con la longevidad humana?

Pues la respuesta a esta paradoja podría estar en las leyes de la evolución. Sucede que, cuanto más diminuto es un animal, más corta es su vida. A la vez que obtenemos mejores resultados limitando su comida.

La hipótesis más razonable es que la naturaleza benefició a aquellos bichillos que, en periodos de escasez de alimentos, lograron aumentar su longevidad variando su metabolismo. Porque las especies pequeñas tienen una vida tan breve que, si no la pudieran ampliar, no les daría tiempo a reproducirse. Y se acabarían extinguiendo después de unas pocas hambrunas.

Algo que no sucede con animales más grandes y longevos, como los seres humanos. Es decir, ni nosotros ni los monos necesitamos ese tiempo extra pues ya disponemos de suficientes años de vida para intentar procrear.

chiste de monos

Ayuno intermitente, restricción calórica y longevidad

No obstante, quizás exista otra alternativa: ¿Y si pudiéramos imitar los efectos de la dieta dejando de comer tan solo durante breves periodos de tiempo?

Ya sabemos que el ayuno intermitente aporta múltiples beneficios para la salud. Pero, además, resulta que muchas de sus virtudes son idénticas a las de la restricción calórica: Aumenta la sensibilidad a la insulina, reduce la inflamación, activa la regeneración de los tejidos gracias a la autofagia y a las células madre…

Y lo mejor de todo es que combina los ayunos cíclicos con periodos de alimentación normal, periodos en los que se reactivan las funciones vitales que se atenuaron cuando dejamos de comer. Evitando colocar al organismo en un estado constante de fragilidad y estrés, como el que provocamos con un déficit calórico sin ninguna tregua.

El mejor método antienvejecimiento

Aunque existen muchos tipos de ayuno intermitente, para mí el más interesante es la Dieta que imita el ayuno de Valter Longo. Un protocolo sencillo de 5 días de semiayuno, diseñado por uno de los grandes expertos en longevidad. En este magnífico artículo puedes consultar en qué consiste y las evidencias científicas sobre sus virtudes.

restricción calórica en un plato y longevidad

En cualquier caso, elijas el método que elijas, hacer ayuno intermitente es una buena estrategia para mejorar tu salud y luchar contra el paso de los años. Junto con una alimentación adecuada, claro está. Quizás no aumentes tu esperanza de vida más de un 5 o un 10%, pero todo va sumando.

Y, cuanto más margen de tiempo consigas, más podrás beneficiarte de los grandes avances de la medicina regenerativa que ya se están desarrollando. En eso consiste, al menos, mi plan. Mi plan para ser inmortal.